Bebes, tener un hijo

Viajes internacionales con bebés y el temido jet lag.

Buenos días amigos, ¿o debería decir buenas noches?

El caso es que aquí me encuentro a las 3 y media de la mañana de un Martes cualquiera desvelado, ya que mi bebé de 6 meses y medio lleva 3 días sin dormir por las noches, cosa que sí hacía antes.

En japonés conocen al jet lag como jisaboke 時差ぼけ. Esta palabra se compone de los kanjis de tiempo (時), diferencia (差), y la terminación boke (ぼけ), que quiere decir estar atontado o apendejado. Todo junto significa estar atontado por la diferencia de tiempo.

Otra palabra que se usa mucho y también contiene este vocablo es neboketeru (del verbo nebokeru 寝ぼける), que se corresponde con el estado atontado de después de haberse despertado.

Y os preguntaréis. ¿Qué ha pasado para que ocurra tal desafortunado evento? Pues podría extender mi dedo índice apuntando como culpable, y sin mucho temor, al vuelo internacional que hicimos de Tokyo a Madrid y viceversa. No en vano, la diferencia en husos horarios de Tokyo a Madrid es de 8 horas, y los vuelos con escala suelen durar como poco de 16 a 17 horas.

A partir de ahora os voy a contar mi experiencia al detalle, espero no aburriros y que sirva de ayuda a aquellos que se encuentren en una situación similar.

Vuelo internacional I. Tokyo – Madrid. Introducción.

Nuestro vuelo de ida fue con la compañía Alitalia.

Comenzamos nuestra odisea levantándonos a las 6 de la mañana para salir pronto de casa y tomar la línea Odakyu line hasta la estación de Shinjuku (25 minutos). Desde allí tomamos el Narita Express – también conocido como NEX – para llegar al aeropuerto de Narita con 2 horas y media de adelanto con respecto a nuestro vuelo de salida.

Aún con 2 horas y media la cola de espera en los mostradores de la aerolínea italiana era enorme, pero las azafatas japonesas nos dieron prioridad al ir con el bebé y pudimos pasar por la línea business.

El vuelo tenía como hora de partida las 14.10 horas, con una duración de vuelo de 12.30 horas hasta la llegada al aeropuerto de Fiumicino, donde hicimos una demoledora escala de 2.30 horas.

En el primer viaje largo tuvimos la suerte de poder sentarnos en los cuatro asientos delanteros con pared enfrente. Eran muy espaciosos y los dos asientos de al lado estaban libres, con lo cuál tuvimos cuatro lugares para poder movernos con tranquilidad y no molestar de más al personal. Aunque a la larga no sirvió de mucho.

El siguiente vuelo era de Roma a Madrid comenzando a las 21.15 hora europea, hasta las 23.55 horas que llegaríamos a Madrid.

Una vez allí mi familia vino a recogernos y llegamos a casa alrededor de las 2 de la mañana.

Como podréis comprobar nos levantamos a las 6 de la mañana, hora japonesa, y llegamos a nuestro hogar en España a las 2 de la mañana. Esto hace un total de 20 horas + 8 horas de diferencia horaria = 28 horas de puerta a puerta.

Si para una persona adulta esto es el equivalente a “una buena paliza”, ya os podéis imaginar para un bebé. Sin embargo leyendo por la red te encontrarás experiencias de todo tipo.

Vuelo internacional I. Tokyo – Madrid. Mi bebé.

Mi bebé tenía 5 meses y medio cuando comenzó el viaje, y tenemos siempre como hábito darle un baño a las 7 de la tarde, un biberón a las 7 y media pasadas y acostarle sobre las 8 de la noche . Suele amanecer alrededor de las 7 de la mañana despertándose dos o tres veces en la noche. Eso es para nosotros algo ya aceptado y aceptable.

El día antes del vuelo ocurrió algo inesperado. Y es que nuestro bebé no se levantó si quiera una vez, durmió del tirón. Os puedo asegurar que es la primera y la última vez que lo ha hecho, pero a nosotros nos sentó estupendamente y pensamos que auguraba algo bueno.

Además suele dormir muy bien en los trenes (en su carrito) y pensábamos que el monótono entorno de sonidos del avión podrían ser un punto a su favor para conciliar el sueño durante el viaje. Nada más lejos de la realidad, de las 12 horas y media sólo conseguimos que durmiese en la cuna un par de siestas de 30 minutos.

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También es verdad que el diseño de la cuna no era para tirar cohetes. La parte de arriba de la misma tenía cuatro correas que había que abrochar cuando el bebé estuviera en la misma, o al menos eso decían las instrucciones.

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Y es que si ya es complicado meter a nuestro pequeño en una cuna y que duerma algo parecido a una siesta (lo habremos conseguido un par de veces y con esfuerzo) , el hacerlo en la cuna móvil del avión abrochando los cuatro cinturones fue casi misión imposible.

Además, que una vez conseguido se convertía a algo similar a la prisión de Alcatraz, como podréis apreciar en las fotos (y sí, mi hijo está dentro).

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Y de nuevo os preguntaréis. Y si sólo durmió dos siestas de 30 minutos, ¿qué hicisteis durante las restantes 11 horas y media?

Pues bien, llevábamos con nosotros un porta bebé, concretamente este modelo.

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Y fue aquí donde pasó la mayor parte del tiempo. Todo ello con interminables paseos por los pasillos del avión para dormirle, llantos y lloriqueos por doquier. Y cuando ya yacía dormido en esta especie de mochila y me sentaba a cámara lenta para no despertarle ¡Zas! ¡Sorpresa! Tu bebé nota que te estás sentando y comienza a llorar de nuevo.

Así es que, como podéis imaginaros, el viaje fue muy cansado para el pequeño y mucho más para los papás, que hicimos lo que pudimos por turnarnos sin mucho éxito, ya que el bebé requería de ambos muchas veces. Me ahorraré anécdotas, pero el cambio de pañales en las minúsculas cabinas de baño del avión pueden convertirse en una escena digna del camarote de los hermanos Marx.

Cuando llegamos a Roma tuvimos que pasar de nuevo el control policial y aguantar la escala de 2 horas y media. Además, había un cambio de terminal para el que había que tomar un tren interno. Estas 2 horas y media se hicieron interminables. Kento, que así se llama mi pequeño, estaba destrozado durmiendo de nuevo en el porta bebés.

Pero la peor parte sin duda fue el último vuelo. Otras dos horas y media de Roma a España en un avión de distribución de 3 asientos por fila. Nosotros estábamos en los dos que daba a la ventana, teniendo a un pasajero bloqueando el acceso al pasillo.

Kento se encontraba super cansado y ya no sabíamos que hacer con el. No dormía, se quejaba sin cesar, lloraba y no encontrábamos la manera de calmarle en un espacio tan reducido.

Vuelo internacional I. El Jet lag de mi bebé al llegar a España.

Como comentaba en uno de los apartados anteriores, llegamos sobre las 2 de la mañana a España. Entre subida de maletas y preparativos para dormir nos acostamos cerca de las 4 de la mañana.

Esa noche Kento no pudo apenas conciliar el sueño. Se levantaba cada hora o cada 45 minutos llorando y nos costaba hacerle dormir de nuevo. El viaje fue muy complicado y a ello había que sumarle nuevo entorno, nueva cuna, etcétera.

El segundo día mejoró bastante. Le acostamos a su hora normal, las 8 de la noche, y durmió hasta las 7 y media del día siguiente despertándose solamente un par de veces.

En los demás días que estuvimos en España – fue casi un mes – hicimos otro cambio de entorno (casa y habitación) y Kento terminó cogiendo un resfriado. En el tiempo en el que estuvo enfermo se complicó un poco la cosa, y al pasar la enfermedad la situación mejoró un poco, pero ya no fue como en Japón. Kento se acabó levantando unas 3 o 4 veces por noche en Madrid, aunque había días en los que sí durmió más, despertándose sólo un par de veces.

Pero para ser sinceros, he de decir que de jetlag puro y duro sólo sufrió un día. Los demás problemas fueron debidos al resfriado y la acumulación de mocos, lo cuál no le permitía respirar con normalidad y hacía que se levantase más veces de lo normal.

Vuelo internacional II. Madrid – Tokyo. Introducción.

Pues bien, poco más que añadir a lo que comenté el viaje de ida. En este caso hacíamos el viaje en sentido contrario. La diferencia es que solamente disponíamos de una escala de 1 hora en Roma, y aunque andábamos preocupados nos dijeron que era tiempo de sobra, ya que había otros pasajeros con escalas de 45 minutos.

¡NUNCA OS CRÉAIS ESTAS COSAS! Llegamos a Roma con algo de retraso y nos encontramos con unos 55 minutos para llegar al vuelo de conexión y con el estado “On boarding” (embarcando) en los paneles.

Ambos vuelos eran de Alitalia y los habíamos comprado juntos en su web oficial. Sin embargo, cuando le dijimos a una de las azafatas de allí que no llegábamos nos dijo <<¿y yo qué queréis que haga?>>. Insistimos en ello y nos encontramos con que nos ignoró completamente y se quedó mirando a una pantalla. Increíble, ¿verdad? ¡Pésimo servicio! Nos dejaron tirados a nuestra suerte.

No he corrido más en mi vida., Lo peor es que lo hacíamos con un par de mochilas, una bolsa extra y un niño de 8 kilos en mis brazos. Tuvimos que recorrernos unos largos e interminables pasillos en búsqueda de la puerta de embarque. Llegamos al tren que te transporta entre terminales y conseguimos llegar a tiempo para embarcar, pero no os recomiendo esta opción con 1 hora en el aeropuerto de Fiumicino, sobretodo si vais con niños.

Para más inri, el vuelo de Roma a Tokyo se terminó retrasando. Lo que en principio iba a ser un vuelo de 11 horas y media se demoró casi 13 horas, más incluso que el de ida.

Vuelo internacional II. Madrid – Tokyo. Mi bebé.

Comenzamos el día levantándonos poco antes de las 6 de la mañana porque nuestro peque no quería dormir más. Nuestro plan era amanecer a las 7, pero no hubo modo. A las 8 menos 10 partimos hacia el aeropuerto de Barajas desde Carabanchel. El vuelo de salida era a las 11:25, pero era un día de diario y en las carreteras que se dirigen al aeropuerto pasaban había mucho atasco, ya que son horas de ir al trabajo.

Llegamos a los mostradores de la aerolínea con 2 horas y 10 minutos, pero había sólo 3 personas atendiendo, de los que una era sólo para business. Barajas ha sido el único aeropuerto en el que no nos han dado ningún tipo de tratamiento preferencial por el hecho de ir con bebé. (A decir verdad nosotros tampoco lo hemos exigido o pedido en ningún sitio)

Como llegamos con tiempo a la puerta de embarque, pudimos desayunar tranquilamente. Al ser el vuelo corto al principio no hubo problemas, aunque nuestro bebé no durmiese, como de costumbre. Sin embargo, lo que se suponía una escala corta pero cómoda en Roma acabó convirtiéndose en un problemón, como comenté en el apartado anterior.

Y el último vuelo resultó ser incluso peor que el de Tokyo – Roma. No durmió nada de nada en la cuna y tuvimos que tenerle en el porta bebés mucho más tiempo de lo que lo tuvimos en el viaje de ida. Creo que me pasé unas cuantas horas en la parte de atrás del avión, que es donde se encuentra parte de la tripulación y puedes ir a servirte bebida, como café o refrescos. Iba por esa zona porque era donde menos molestaba a los pasajeros, aunque tampoco estuve allí todo el rato. No se cuántas veces estuve recorriendo los pasillos con el bebé en la mochila. Me solía parar entre los baños para tratar, de nuevo, de molestar al menor número de personas mientras trataba de dormir al pequeño, aunque sin mucho éxito.

He leído tantos comentarios de gente quejándose de los vuelos largos con niños, diciendo cosas como que deberían habilitar zonas sin niños, que yo lo único que quería era evitar cualquier malestar a mi alrededor. Eso sí, al final el que sufre más aquí es el que está intentando que el bebé se calme, en este caso su madre o su padre, y esta experiencia sólo se puede vivir en sus carnes, por mucho que entienda que los lloros de los niños puedan resultar molestos, y creedme que lo entiendo.

Total, llegamos demacrados a Tokyo. Las últimas dos horas fueron interminables. Recuerdo que mi mujer tuvo al pequeño colgando del pecho durante los últimos 40 minutos del vuelo para que no llorase.

Y con esto no finalizó nuestra aventura / pesadilla. Aún nos quedaba recoger las maletas, pasar el control de pasaportes, aduanas, etcétera. Teníamos, además de las mochilas, cuatro maletas facturadas. Sin embargo, esto ya lo habíamos planeado antes y, al llegar al aeropuerto, las mandamos por mensajería a nuestra casa. Y como era de esperar la eficiencia japonesa en el transporte se hizo notar, llegaron al día siguiente por la mañana.

Después reservamos el tren NEX de vuelta de Narita a Shinjuku, teniendo que esperar casi 1 hora al siguiente. El tren cubre el trayecto en 1 hora y 40 minutos. Kento iba montado en el el carrito y estaba tan cansado que se acabó durmiendo durante 1 hora, despertando en la estación de Tokyo con un llanto desesperado a lo ¿dónde estoy?

Una vez llegados a Shinjuku cambiamos a la línea Odakyu line, que nos llevó, al fin, a nuestro destino final, llegando a nuestra casa alrededor de las 5 de la tarde hora japonesa.

Teniendo en cuenta que despertamos a las 6 de la mañana del día D y llegamos a las 5 de la tarde del día D+1, transcurrieron un total de 35 horas (24 de un día + 11) – 8 horas de la diferencia horaria = 27 horas de puerta a puerta.

Al mismo tiempo que lo estoy escribiendo empiezo a entender el porqué de que mi hijo no pueda conciliar el sueño estos días…

Vuelo internacional II. El Jet lag de mi bebé de vuelta en Japón.

Jet lag. Primer día y primera noche.

Y aquí llegamos a la razón de la que me encuentre escribiendo este artículo, totalmente desvelado – y ya son las 6 y media de la mañana. Mi hijo lleva 3 días sin poder dormir por la noche.

Cuando llegamos de vuelta a Tokyo ya sabíamos que iba a pasar una primera noche complicada, del mismo modo que la pasó al aterrizar en España, y así fue.

Un punto que – pensaba – teníamos a nuestro favor, era que llegábamos a casa por la tarde, concretamente a las 5 de la tarde, con lo cuál disponíamos de tiempo para calmarle un poco, darle su baño para relajarle y dormirle a las 8 de la noche para comenzar a recuperar su horario habitual antes de la realización de este viaje.

A las 8 de la noche del día de la llegada ya lo teníamos durmiendo en la cama. Pero como ya anticipábamos no fue por mucho tiempo, y sólo consiguió dormir ciclos de 45-50 minutos, levantándose a cada final de ciclo con unos llantos que más parecían gritos desconsolados. Tratamos sin éxito de calmarle en los brazos con diferentes posiciones. El niño ya pesa 9 kilos (tiene 6 meses y medio) y sólo nos permite tenerle brazos en posición horizontal, haciéndose más complicado posarle en la cama cuando parece que ya está dormido.

Cada vez que tratábamos de ponerle a dormir en la cama lo notaba con la facilidad con la que algunos políticos salen impunes de delitos de corrupción. Esto hacía que muchas veces nos costase volverle a dormir entre media hora y una hora. En esta primera noche se despertó unas 6 veces y consiguió dormirse de plano desde las 2 y media de la mañana hasta las 7 y media. Ni tan mal, que dirían algunos.

Durante el día le sacamos a pasear un par de veces, como solemos hacer siempre. La primera de ellas se nos quedó dormido en el carro mientras hacíamos la compra en el supermercado. Tan casado estaba que cuando volvimos a casa aún seguía dormido.

Como estaba tan cansado decidimos dejarle durmiendo, ya que ese día teníamos tres visitas que iban a llamar al timbre de casa y le acabarían por levantar. Una de ellas eran las maletas, otra era una carta de mi empresa, y la tercera era la compra que habíamos realizado, que la pedimos a domicilio.

No sólo ninguno de los sonidos del timbre ni la voz de los mensajeros no consiguió levantarle, si no que estuvo durmiendo una siesta de 3 horas. Craso error el nuestro de permitirle dormir durante tanto tiempo…

Jet lag. Segundo día y segunda noche.

La segunda noche se asemejaba complicada, como la primera. Si bien es verdad que consiguió dormir de 8 a 10 de la noche en la primera tanda, a partir de ahí fueron de nuevo ciclos de sueño de 45-50 minutos, como la noche anterior. Alrededor de las 2 y media de la mañana y después de hasta 5 veces de despertares fue cuando consiguió dormir, hasta las 6 de la mañana. Después de ello le intentamos dormirle de nuevo, consiguiéndolo, pero con la mala suerte de quedarnos nosotros también dormidos y despertando todos a las 12 y media de la mañana.

Después de aquello vimos que si bien le afectó el jet lag, podía dormir varias horas seguidas. Sin embargo veríamos de nuevo como fue un error el dejarle durmiendo durante tanto tiempo en horas de sol en la tercera noche.

A la tarde le sacamos a pasear a un parque que tenemos cercano aprovechando que hacía buen día y volvió a quedarse dormido unos 45 minutos.

Jet lag. Tercer día y tercera noche.

Y así llegó la crucial tercera noche…

De nuevo hicimos el ritual de baño y acostarle consiguiendo que durmiese poco después de las 8 de la tarde. Sin embargo esta vez no conseguimos que durmiese durante más de 1 hora  en ninguno de sus ciclos. 

Son ahora las 7 de la mañana y se ha levantado ya como unas 7 – 8 veces, con duraciones del sueño intermitentes entre 15 minutos y 1 hora.

[EDITADO añadiendo más información]

Jet lag. Cuarto día y cuarta noche.

Esta mañana fuimos a la clínica preguntar al pediatra sobre esta situación por si podía darnos algún consejo a seguir para normalizar un poco la situación, pero sus respuestas fueron más bien esquivas. Algo así como, los niños son así, y que en esta época los patrones de sueño de los niños suelen cambiar. Sobre esto ya había leído antes, pero el caso es que la visita no nos sacó de ninguna duda, nos tocaba simplemente aguantar la situación.

También leímos sobre calmar a los bebés con infusiones de manzanilla, pero parece que tampoco es que sea de mucha ayuda en ciertos casos, aunque si esta situación continúa me plantearé usarlo.

De momento mi mujer ha optado por otra planta medicinal que, al parecer, utilizan también en Japón en este tipo de situaciones ya durante alrededor de 400 años. Su nombre es udzukyuumeigan 宇津救命丸 (うづきゅうめいがん).

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Como pone en las indicaciones del medicamento se suele usar en casos de niños que lloran mucho por las noches, lo que en japonés se conoce como yonaki (夜泣き). El contenido del paquete son una especie de bolitas minúsculas que hay que dar al bebé a razón de 3 unidades con cada comida, 3 veces al día. Mi mujer preguntó a unos amigos que tuvieron un niño que lloraba mucho por la noche y le comentaron que aplacó la situación. Quién sabe si nos funcionará, pero por probar que no quede, que las fuerzas ya merman después de tres días sin dormir apenas.

 

Durante este cuarto día probamos esta medicina según las indicaciones. Mi mujer me comentó que en algunos niños surte efectos y en otros no, y que de funcionar, al no ser muy fuerte, no surtiría efecto rápidamente.

En esta noche también le seguimos “imponiendo” su horario normal. A las 8 de la noche estaba ya en la cama.

A la media hora de dormir se levantó llorando y le acunamos en los brazos hasta dormirlo de nuevo. Una hora más tarde volvió a levantarse llorando y repetimos la misma operación. Después de esto descansó ya hasta las 2 de la mañana. A esa hora le dimos un biberón de 240 mls. y durmió de plano hasta las 8 de la mañana. Este fue el primer día de la semana que descansó como antaño.

No podemos atribuirle el mérito a la medicina, pero quizás algo pudo ayudar. Además, optamos por primera vez por dormir en una habitación diferente a la de la cuna del bebé y eso hizo que pudiéramos conciliar el sueño mucho mejor.

Jet lag. Quinto día y quinta noche.

El quinto día hicimos la rutina de siempre. Un par de paseos, mañana y tarde, para que Kento pudiera dormir sus siestas. El de la mañana solemos acercarnos a comprar unos almuerzos en forma de bentou 弁当 en el supermercado y comer en un parque cercano. (Ikuta Ryouchi 生田緑地).

Le seguimos dando la medicina 3 veces durante el día y le acostamos a las 8, como de costumbre.

Esta noche durmió un poco peor, ya que se levantó a los 20 minutos. Después de volverle a acostar tardó sólo 40 minutos en volver a llorar con fuerza. Una vez recostado de nuevo tan solo duró 10 minutos en la cuna. Se levantó sudando mucho y pálido y pudo ser culpa del nuevo pijama que estaba estrenando, que daba demasiado calor. Como estaba bastante nervioso le pusimos a jugar con nosotros hasta las 11 y media de la noche, que le dimos un biberón de 240 mls. y le acostamos. Esta vez durmió bien hasta las 3 de la mañana. Biberón de nuevo de 240 mls. y volvió a dormir perfectamente hasta las 7.

No es que hubiera mejorado mucho con respecto a la cuarta noche, pero tampoco fue tan malas como las primeras.

Jet lag. Sexto día y sexta noche.

De nuevo otro día con las mismas rutinas para Kento y las mismas tomas de la medicina.

Esta noche fue de nuevo bastante buena. Le acostamos a las 8 y durmió hasta las 12 y media de la noche. Sin embargo tuvo 3 falsas alarmas de despertarse. Lloró durante 1 minuto a las 21:20, otro minuto a las 22:15 y durante 7 minutos – esta vez más fuerte –. En todas ellas optamos por esperar sin atenderle y consiguió dormirse de nuevo. ¡Que alivio!

A las 12 y media de la noche le dimos 240 mls. de biberón y le acostamos sin necesidad de acunarle en brazos – método que llevamos practicando un par de días con éxito –. Aunque tardamos media hora en dejarle K.O. a la 1 estaba dormido y no amaneció hasta las 6 de la mañana.

Creo que ha sido una noche buena de nuevo y parece que los efectos del jetlag han terminado desapareciendo casi por completo en 6 días. Esperemos que no tenga que retirar mis palabras en los días venideros 🙂

Jet lag. Séptimo, octavo y noveno día. La vuelta a la normalidad.

En estos tres días hicimos las mismas rutinas que hacemos durante el día y viendo que nuestro nene había vuelto a la normalidad decidimos no darle más dosis de la medicina de origen herbal.

Además, durante esta complicada semana, y debido precisamente a estas complicaciones, decidimos quitar las dos tomas de pecho que tenía aprovechando la coyuntura. Ya que tendríamos que hacerlo o temprano.

El resultado fue que tanto el séptimo como el octavo día Kento durmió ininterrumpidamente desde las 8 de la noche a las 7 o 7 y media de la mañana. El noveno día lo hizo despertándose una sola vez alrededor de las 12 de la noche. Para calmarle le dimos un biberón de 240 mls. y le acostamos con un poco de complicaciones a los 30 minutos.

También conseguimos cambiar el método para hacerle dormir sin tener que tenerle en brazos asociando la toma del biberón con la cuna, la habitación a oscuras completamente, y una especie de proyector de escenas de dibujos animados con hilo musical para dormir que nos regalaron. Apuntamos el proyector hacia el techo, justo encima de la cuna, para que mire hacia arriba y se calme. Así intentamos asociar las tres ideas, biberón – cuna – proyector de dibujos, con la hora de dormir. Y aunque cueste un poco al principio, os aseguro que el no tener que coger en brazos para dormir a un bebé de 9 kilos, merece la pena.

Jet lag. Otras experiencias.

Antes de escribir este artículo estuve investigando por la red de redes buscando experiencias de este tipo. Me interesaban sobretodo los viajes internacionales largos. Cuanto más largos mejor.

Encontré una experiencia similar de un viaje de España a Japón en este artúculo. En el mismo habla sobre su bebé de 9 meses:

<<Jet lag: la pregunta del millón. ¿Tienen los bebés jet lag? La respuesta es que Sakura si tuvo jet lag. En Londres tenemos una rutina nocturna bastante estricta porque es la única manera de que duerma bien (17:45 cena, 18:45 baño, en la cama a las 19:30) y duerme en su habitación. La primera noche en Japón no consiguió dormirse hasta las 3:30 de la mañana. El segundo día se durmió sobre las 2am y el tercero a medianoche. Le llevó una semana más o menos volver a su horario normal y aun así costaba dormirla y a veces teníamos que hacerlo en la mochila. El hecho de estar fuera de su entorno, rodeada de la familia de mi mujer y durmiendo en la misma habitación que nosotros seguro que no ayudó tampoco. A la vuelta en Londres le afectó mucho menos y volvió a su rutina habitual y a dormir bien en apenas 3 días.>>

En los comentarios de este hilo un usuario comenta que en un viaje de 9 horas de Alemania a California, “fueron 2 semanas sin dormir de noche” sobre uno de sus hijos.

Por poner un ejemplo positivo, en este artículo encontrarás la experiencia sobre un vuelo de Madrid a Nueva York, aunque no cuenta sobre el vuelo de vuelta, y si lees los comentarios verás que aparece alguien con experiencia negativa al volver del mismo viaje.

Como verás depende mucho del bebé el cómo reacciona ante un viaje tan largo. Pero después de esta primera experiencia en viaje tan extensos – Kento ya voló en avión a los dos meses de edad durante 2 horas sin problema alguno –, creo que lo más normal es que un bebé sufra los estragos del jetlag si no se le prepara de antemano cambiándole sus hábitos de sueño.

Y esta ha sido mi experiencia, que espero pueda resultar de ayuda a aquellos que se encuentren en una situación similar. Desde aquí todo mi ánimo y que sepáis que por muy estresados, fatigados y cabreados que estéis y os tiréis de los pelos por la situación de impotencia, todo termina. Espero que más tarde que temprano.

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6 replies »

  1. Vaya, ya lo siento. Te puedes imaginar que yo he hecho vuelos de todos los colores, empezando por un Madrid-Quito con Matteo de 6 semanas, que fue súper fácil, hasta otro en el que iba contando los minutos que quedaban para aterrizar (desde el momento del despegue). Sobre el vuelo, te diré que acabas de entrar en la peor época para viajar con un niño, porque no se entretienen demasiado tiempo con nada. Los míos empezaron a ser fáciles a los 2 años, y este último viaje que he hecho (Maya ya tiene 3 años) ha sido como si nada, hasta me terminé un libro y me vi una película. Eso sí, yo no compro escalas de menos de hora y media, que si te quedas tirado en el aeropuerto de la escala es todo un marrón!!! Muchos besos!!!!

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    • ¡Hola Belén!

      Pues sí, la verdad. Tu ya estás hecha toda una experta y una aventurera, además del hecho de tener 3 nenes, y yo aquí con uno quejándome 😛

      Como bien dices no se suelen entretener más de un tiempo corto con nada y suelen siempre querer cosas nuevas en cortos espacios de tiempo, lo cuál no es muy compatible con vuelos de larga duración con espacios reducidos.

      Ahora que me dices lo de los 2 años, es justo cuando queremos hacer el siguiente viaje a España para volver a ver a la familia. Además justo antes de cumplir los 2 años todavía tendríamos la posibilidad de volar “gratis” (creo que se pagan sólo tasas) con Kento. Lo que no se yo es si merece la pena hacer esto o mejor pagar un asiento para que pueda estar sentado en el mismo en vez de tener que tenerlo sentado en las rodillas durante 16-17 horas… Quizás tu que tienes más experiencia puedas decirme 😀

      Y lo de las escalas ya lo tengo aprendido con la experiencia que tuvimos en Roma. Lo peor de todo es que los vuelos los compramos en su página oficial y los venden como algo factible, pero luego si se retrasa un vuelo se lavan las manos… Inconcebible. Otra cosa sería si fueran compañías diferentes, o si aunque fueran la misma compañía los hubieras comprado por separado o en otra web diferente de la oficial, pero bueno… Lesson learned!

      Lo que más preocupados nos tenía, además de la experiencia dentro del avión, fue el jetlag que estaba sufriendo el pequeño Kento, ya que no sabíamos muy bien a qué se debían los lloros por la noche cada hora cuando él nunca fue un niño que diese tantos problemas por la noche. Al final leyendo parece ser que es algo que ocurre mucho y hay padres que se preparan con antelación cuando van a hacer vuelos con mucha diferencia horaria para paliar los efectos sobre el sueño de los pequeños.

      Al final la cuarta noche, después de darle la medicina japonesa de hierbas con efectos parecidos a la manzanilla parece que nos ha dado una tregua. A ver si continúa así y por fín podemos conciliar todos el sueño de nuevo.

      ¡Actualizaré el artículo con las siguientes noches a ver como acaba todo!

      Muchas gracias de nuevo por tus comentarios y por compartir tu experiencia. ¡Se agradece muchísimo!

      Besotes y un abrazo muy grande Belén,

      Ivan.

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  2. Nosotros vivimos en Japón y acabamos de llegar a España a pasar cinco semanas con nuestras gemelas de 7 meses. Han sido casi 40 horas de puerta a puerta y están bastante mal ahora a las 19:20 de España. Estaban durmiendo y se han despertado con muchísima rabia porque para ellas es como madrugada. Espero que puedan dormir algo porque yo estoy agotada.
    Ya veremos.

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    • Hola Irukina,

      Si con nuestro pequeño ya se nos hizo larguísimo el viaje de unas 27-28 horas, no me quiero imaginar con gemelas y durante 40 horas.

      Me puedo imaginar lo mal que se pueden encontrar después de tanto trasiego.

      Nuestro Kento también se levantaba del suelo con unas rabietas y un llanto violento como nunca había tenido en sus 6 meses de vida. Pero igual tuvimos suerte cuando fuimos en dirección Japón – España y el jetlag apenas le duró un día. (Aunque después no durmió tampoco como suele hacer en Japón).

      Eso sí, al volver de España a Japón hemos estado casi una semana para devolverle a sus hábitos de sueño normales. Ha sido bastante desesperante porque no teníamos ni idea de como calmarle. Lo que se me ocurre es que si tus gemelas siguen mal os turnéis los dos para cuidar de ellas y mientras uno lo hace el otro intente dormir algo. Darles paseos también ayuda.

      Por si te sirviese de ayuda he actualizado el artículo con toda la información de lo que hemos realizado durante la semana de jetlag de vuelta en Japón.

      Espero que vuestra situación mejore. Sobretodo para que podáis volver a conciliar el sueño, que si no uno se mete en una espiral de la que es difícil salir.

      Un saludete desde Japón y ¡mucho ánimo!

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  3. Madre mía que odisea, me pongo en vuestro lugar y que mal lo tuvisteis que pasar, pero no he podido evitar reirme un montón con como cuentas la situación. Yo ahora quiero viajar a Japón y estoy dudando si llevarme a mi hija (19 meses) por el tema del avión.

    El ordenador hecha humo de buscar vuelos que me convenzan porque sobre todo me gustaría que volasen en horario de noche para que la pillen con sueño. Lo del jet lag lo me lo había planteado demasiado hasta llegar a este post, tampoco me molaría nada que le afectara y al final tampoco podamos disfrutar del viaje.

    Un saludo

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    • Hola Marta,

      La verdad que ahora que lo dices, me puesto a releer el artículo y si es una buena odisea. Lo de reírse es bueno en todo este tipo de situaciones. Visto a toro pasado parece menos, pero menudos viajes que nos dio el pequeñajo, jajaja.

      Con 19 meses lo que se me ocurre es que tendréis que andar detrás de ella de aquí para allá en el avión. Tampoco sé si con esa edad entiende y hace caso o no de las cosas, el nuestro con 14 meses lo único que entiende bien es el “no” y después ya hace lo que le venga en gana.

      Lo que si te recomendaría es que, si te es posible, tomases vuelo directo. Con ello te ahorrarás el transbordo, bajar y subir de aviones de nuevo, maletas de aquí para allá, etcétera. Si vives en España hay vuelos directo con Iberia / Japan Airlines que dicen que están muy bien. Mi hermana vendrá en uno de ellos en Octubre para pasar tres semanas, y vienen con una niña de 14 meses. No te digo nada y te digo todo.

      Depende del niño es posible que el jetlag sea menor o mayor, incluso parece ser que hay niños a los que apenas le afecta según he leído, pero yo mi experiencia me dice lo contrario.

      Otra cosa que también me dice la experiencia es que el jetlag se produce con mucha más fuerza cuando se vuela de izquierda a derecha (por ejemplo, de España a Japón), y es menor cuando es de derecha a izquierda (por ejemplo Japón a España). También nos comentaron esta experiencia unos amigos que viven en Los Angeles y vinieron de visita a Tokyo este mismo año con su hijo de año y medio.

      Sea como fuere, estoy seguro de que del viaje disfrutaréis igual. De cualquier modo no deja de ser una experiencia más de la que aprender (lo del jetlag). Aunque es verdad que yo me estoy planteando retrasar mi siguiente viaje a España a cuando mi hijo se acerque más a los 3 años, que parece que ya atiende un poco más a las cosas que le dices.

      Si te decides a viajar, me encantaría saber de tu experiencia. Sería genial poder recopilar aquí las vivencias de papás y mamás que hayan viajado con niños y saber si han tenido o no jetlag y cómo les fue.

      Espero que encuentres el vuelo que más se adecue a tu hija y que duerma como un angelito durante el viaje.

      ¡Saludetes!

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